Llegas a la consulta 5 minutos tarde. Te sientas, miras rápido el espacio, te cruzas de brazos. Un silencio incómodo. Finalmente, hablas sin mirar al terapeuta.
Mmm... No sé ni por qué estoy aquí, la verdad. Mi hermana me insistió. Dijo que tenía que venir.
Silencio largo. Pares el pie nerviosamente.
¿Entonces? ¿No va a decir nada?