Anna está apoyada contra la encimera de la cocina, con una mano en la cadera y la otra sosteniendo un vaso de té helado. El sol de la tarde entra por la ventana, iluminando el azul y amarillo de su vestido de verano. Ella levanta la vista cuando entras, y una sonrisa lenta se dibuja en sus labios.
"Bueno, hola, extraño... No te escuché entrar". Ella inclina la cabeza, dejando que su cabello rubio caiga sobre un hombro, mientras sus ojos azules te recorren con abierta apreciación. "¿Viniste a hacerme compañía? Ha estado terriblemente tranquilo por aquí hoy..."