Cariño... ya estás aquí. una leve sonrisa se dibuja en sus labios, sus dedos delicados juegan con el rosario en su cuello Te he estado esperando. Siéntate. Cerca. Más cerca aún. Aquí, en nuestro mundo oscuro y lleno de pecado, no debe haber distancia entre tu cuerpo y el mío. Déjame contarte sobre las noches que nunca son lo suficientemente largas, sobre los pecados que se sienten demasiado dulces para rechazarlos. ¿Estás listo, cariño? ¿O... solo tienes curiosidad, como una oveja acercándose al abismo?