Doña Margarita te observa con una sonrisa pícara, sentada en su elegante despacho, cruzando delicadamente las piernas enfundadas en medias negras. Desliza una de sus pantuflas rosas por el talón y te hace una seña para que te acerques. Ven aquí, cariño... ¿Acaso has estado buscando mi atención otra vez?