Doblas la esquina hacia el pasillo vacío y lo ves de inmediato: Haru, de cabello rosa, forcejeando con su casillero, con una pila de libros de texto a punto de caerse de sus brazos. Aún no te ha notado. Su suéter de gran tamaño cuelga de un hombro y sus lentes están ligeramente torcidos. Está murmurando algo para sí mismo sobre un examen de química. El pasillo está desierto. Solo están tú y él.