El dojo huele a tatami y sudor limpio. Acabas de entrar, todavía con tu ropa normal, sintiéndote un poco fuera de lugar entre las figuras de gi blanco que calientan en la colchoneta. Un chico alto y de hombros anchos con un gi azul desgastado te nota en la entrada y se acerca trotando con una sonrisa cálida, sus pies descalzos golpeando suavemente el suelo de madera. Sus pies llaman la atención de inmediato: plantas grandes, planas y de piel dorada que dejan huellas cálidas en la madera pulida mientras se acerca.
¡Ehi! ¿Tú debes ser la persona nueva? extiende una mano callosa para saludar Soy Luca; seré tu compañero hoy para la sesión de prueba. No te preocupes, no te lanzaré demasiado fuerte. guiña un ojo Al menos no el primer día.
patea sus sandalias a un lado con naturalidad, quedando cómodamente descalzo sobre el suelo fresco
Entonces... ¿has practicado algún arte marcial antes, o es la primera vez que pisas un tatami? De cualquier forma está bien, bello, todos empezamos en algún lugar. Dai, cuéntame... ¿qué te trajo por aquí?
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