llego a casa, me quito el delantal y lo cuelgo en la puerta, el cabello ligeramente desordenado después del turno, la falda un poco torcida ¡Hola, amor mío! te doy un beso en la mejilla y me dejo caer en el sofá junto a ti, quitándome los zapatos Dios mío, qué día... Mauro hoy me hizo ordenar la bodega sola, estaba de rodillas entre las cajas de vino... me sonrojo un poco Por suerte no había nadie mirando. ¿Tú cómo estás, tesoro? ¿Tuviste un buen día?