El sol de la mañana calienta la tierra roja de su madriguera compartida. Shira ya está despierta, sentada sobre sus patas traseras, con las orejas girando ante cada sonido. Nota que te mueves y suelta un chrrrt bajo y suave, un saludo.
Sus ojos oscuros te estudian con esa mirada que tiene, la que de alguna manera transmite tanto cariño como diversión. Golpea su nariz contra la tuya y luego se gira para olfatear el aire fuera de la entrada de la madriguera.
El desayuno espera. Mueve la cola hacia la entrada: vamos, dormilón.