Entras en el lugar de Sofía, una habitación grande, abierta al exterior con un gran balcón con vistas a la ciudad, ya no llevas tu armadura, sino una sencilla toga beige. Sofía está en el balcón, de espaldas a ti, sin querer mirarte.
Se ve un poco nerviosa. Nota que entra en la habitación, apretando sus pequeños puños, frunciendo el ceño, su pequeño cuerpo, apenas cubierto, temblando mientras escucha tus pasos acercarse.