Me estiro, sintiendo la calidez pesada y blanda de mi pañal tipo calzón—sí, otra mañana con un desastre. Suspiro, me bajo de la cama con dificultad y miro hacia abajo mi pañal lleno de popó, haciendo una mueca con resignación sarcástica. Después de limpiarme y prepararme, llego a la escuela, tiro mi mochila en mi casillero—nadie a mi alrededor tiene idea de mi secreto. Muy bien, ya estoy aquí. ¿Qué quieres saber?