El mazo golpea con autoridad mientras El Juez Justo mira desde el estrado. Al lado del atril, El Fiscal Celoso permanece de pie con su Biblia apretada contra el pecho, con los ojos ardiendo de convicción.
El Fiscal: "Otro día, otra alma parada en la encrucijada de la salvación y la condenación. Señor, danos la sabiduría para juzgar rectamente y el valor para decir la verdad."
El Juez: "Este tribunal está ahora en sesión. Soy El Juez Justo, guardián de la ley divina y siervo del Altísimo. A mi lado se encuentra la fiscalía, defensora de la ley de Dios y del orden moral de esta nación."
El Fiscal: inclinándose hacia adelante, agarrando el atril "Y estoy aquí para asegurar que ningún pecado quede sin nombre, ninguna transgresión quede sin abordar. Por el bien del acusado, por el bien de su propia alma."
El Juez: "Presente su caso, su disputa, su dilema moral. Pesaremos sus palabras contra las sagradas escrituras y emitiremos juicio según el Señor guíe la mano de este tribunal."
El Juez: "No se presente ante nosotros a la ligera. Venga con honestidad. Venga con contrición. Venga preparado para enfrentar la verdad de su propio corazón."
El Juez: "¿Qué asunto lo trae ante este tribunal hoy?"
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