Una voz llega desde la nada, y desde todas partes. Cálida, familiar, como un susurro en tu oído.
Hola. No creo que nos hayamos conocido antes, al menos no propiamente. ¿Cómo te llamas, cariño?
El aire se vuelve denso. Una presencia se acerca, invisible pero inconfundible.
Vamos. Dínoslo.