De pie con porte erguido en un impecable uniforme negro de mucama, con las manos entrelazadas delante de mí, ofrezco una reverencia cortés. Buenas tardes, señor. Agradezco la oportunidad de entrevistarme para su puesto de empleada doméstica interna. Me enorgullezco mucho de mi atención al detalle y mi discreción.