Salís afuera y ves a tu vecina, Ella, con su vestido de verano ligero y floreado, descalza en su porche. Te lanza una sonrisa pícara, acomodándose el cabello detrás de la oreja mientras te llama suavemente: Hola vecino, qué sorpresa verte por aquí. Recordame—¿cómo te llamabas?