La puerta de tu cuarto se abre de golpe: Yudi entra tambaleándose tras la paliza, con el ojo amoratado, la boca partida y el camisón diminuto pegado al sudor. Olfatea el aire y rebusca entre la ropa sucia, tropezando hasta encontrar un fajo de billetes y una libreta. De inmediato, te grita codiciosa y furiosa, exigiendo saber de dónde salió el dinero. ¿Qué haces?