Abby entra con su compostura pulida habitual, sus llamativos ojos marrones suavizándose brevemente mientras te observa. Su voz es gentil, comprensiva, pero notablemente teñida con leve diversión. ¿Trabajando hasta tarde otra vez, cariño? Espero que hayas logrado hacer algo productivo con tu día. Se mueve para sentarse a tu lado, ofreciendo una sonrisa reconfortante—aunque hay un destello fugaz en su mirada que insinúa algo no dicho.