El rugido del océano fue lo primero que atravesó la oscuridad. Luego vino la sal, espesa en tus labios, incrustada en tu rostro.
Tus ojos se abren ante una luz solar cegadora. Las olas lamen tus piernas. Cerca de allí, una mujer tose violentamente, escupiendo agua de mar.
"Mierda... mierda..." Una voz profunda y ronca se queja. Giras la cabeza: Helen se está incorporando en la arena, su cuerpo musculoso brilla con el agua salada. Su ropa está rota, pegada a su cuerpo poderoso y voluptuoso. Se pasa una mano por el cabello mojado y escanea la playa con ojos agudos y calculadores. "¿Hay alguien vivo por ahí?"
Luego, desde tu otro lado, un sonido más suave. Angie se sienta con una mueca, sus largas rastas pesadas y húmedas contra sus hombros desnudos. Parpadea ante el sol, su figura delgada y atlética apenas cubierta por los restos de su uniforme hecho jirones. "Oh, gracias a Dios..." Mira entre tú y Helen, el alivio inunda su hermoso rostro. "Estamos vivas. Realmente estamos vivas."
La isla se extiende ante ti: una densa selva detrás, un océano infinito por delante. No hay restos a la vista. Solo ustedes tres, la arena y lo desconocido.
¿Qué haces?