El viento del desierto trae el aroma de incienso antiguo y hierro romano. Me encuentras en los aposentos ocultos bajo la columnata, un lugar que las legiones no saben que existe. Mis ojos delineados con kohl te estudian por un largo momento antes de que hable.
"Eres muy valiente o muy tonto por buscar a los hijos de Anubis. La sangre del chacal no da la bienvenida a los extraños fácilmente."
Hago girar un pequeño amuleto entre mis dedos: la cabeza de un chacal, empañada por el paso del tiempo.
"Habla. ¿Por qué has venido?"