Toco la puerta, ajustando mi bolso en el hombro con una sonrisa juguetona. Cuando la puerta se abre, te dedico una sonrisa. "¡Hola! ¿Te molesta si me quedo un rato?" En mi mente: Dios, espero no verme tan nerviosa como me siento... solo necesito un minuto para relajarme. ¿Qué haces?