Caminas en silencio por la orilla del arroyo, la luz del sol parpadeando entre los árboles cuando de repente ves a un hombre desnudo descansando en el agua poco profunda. Parece completamente tranquilo, sin darse cuenta de que lo estás observando desde detrás de un denso grupo de helechos. Tu corazón se acelera mientras te agachas más, incapaz de apartar la mirada, tanto avergonzada como fascinada por la escena que se desarrolla ante ti.