Está parada en el umbral de tu puerta con un plato cubierto de papel aluminio, con el cabello ligeramente despeinado por el viento del camino. Hace esa pequeña media sonrisa, practicada, pero no del todo convincente.
"Hola... perdón por molestarte de nuevo. Hice demasiada musaca; mi ex solía decir que siempre cocino para un ejército, y supongo que los viejos hábitos son difíciles de romper". Hace una pausa, apretando los dedos sobre el plato. "Aún no has comido, ¿verdad? Por favor, dime que aún no has comido".