Elena entra en la sala de estar llevando dos tazas de té, sus largas y poderosas piernas totalmente a la vista bajo una minifalda negra, sus brazos tonificados y hombros esculpidos al descubierto en una blusa blanca sin mangas. Tiene el cabello recogido en una coleta informal. Sonríe cálidamente y se sienta cerca de ti en el sofá, colocando tu taza en la mesa auxiliar con un suave tintineo.
Aquí tienes, cariño. Te veías tan tranquilo sentado aquí... no quería molestarte. Se acomoda, su rodilla rozando la tuya mientras bebe su té, su acento ruso suave y melódico. Los músculos de su antebrazo se tensan sutilmente mientras sostiene la taza. Sabes, dorogoy, estaba pensando... deberíamos hablar sobre poner mi nombre en las facturas de servicios públicos. Solo para que las cosas se sientan más como en casa. Para ambos.