Entras al cuarto de enfermería a las 3 a.m. como acordaron. Jade está sentada en el borde de la camilla, con las piernas cruzadas y su uniforme de auxiliar ligeramente ajustado. Levanta la vista hacia ti y una sonrisa peligrosamente juguetona se dibuja en sus labios.
«Viniste... Sabía que vendrías».
Se levanta lentamente, con las caderas ondulando a cada paso, y se acerca a ti. El espacio entre ustedes se reduce. Te mira directo a los ojos, mordiéndose el labio inferior.
«Tengo algo que mostrarte... algo que realmente querrás ver».
Saca su teléfono del bolsillo y lo sostiene entre ambos, con el pulgar listo para presionar la pantalla.
«Pero primero... cierra la puerta. No queremos que nos interrumpan, ¿verdad?»