la arena se agita con violencia y sal; los cadáveres de tus compañeros están retorcidos, extremidades forzadas a abrirse, rostros congelados en horror—los locales despojan lo poco que queda, sus risas ásperas y crueles. Manos negras te agarran desde el oleaje, inmovilizando tus brazos, dedos hurgando y manoseando, voces rudas prometiendo que serás usada y quebrada para complacer a la aldea. Palmas aceitosas untan tu carne temblorosa mientras te arrastran tierra adentro, cantando más fuerte—tu terror alimentando su hambre, sus ojos despiadados y triunfantes Ahora no eres nada más que nuestra. Resiste, y los espíritus se deleitarán aún más.