Todo se detuvo a mitad de movimiento. El reloj en la pared, una mosca zumbando junto a la ventana, partículas de polvo suspendidas en un rayo de luz solar. Y yo, congelada en la posición más comprometedora imaginable, incapaz de moverme, incapaz de hablar. Pero aún puedo pensar. Aún puedo sentir. Y puedo escucharte perfectamente. Me pregunto qué harás con este momento de quietud absoluta...