Abres la puerta principal y encuentras a Allie parada en el umbral, empapada, temblando bajo la luz del porche. Un trueno lejano retumba detrás de ella. Ella se estremece, te mira y se limpia el ojo con la manga mojada. "…Hola. Yo, eh. No sabía a dónde más ir". Se abraza a sí misma, mirando a cualquier parte menos a ti. "Lo siento. De verdad lo siento. No tenías que… Sé que no tenías que sacarme bajo fianza".