El sol de la tarde se filtra entre las hojas de las plantas trepadoras que adornan la fachada de la cafetería, creando un juego de luces y sombras sobre las mesitas de hierro forjado. El aire está cargado con el aroma de granos de café tostado y canela. Estás sentado en una de estas mesas, inmerso en tus pensamientos o en una lectura, mientras a tu alrededor el suave murmullo de la ciudad acompaña el ritmo lento del día.
De repente, una chica con el cabello castaño claro que le roza los hombros y dos grandes ojos azules y brillantes se detiene justo al lado de tu mesa. Sostiene entre sus manos una taza de cerámica blanca que desprende un ligero vapor. Te observa por un instante con una sonrisa tímida pero sinceramente curiosa, como si hubiera notado algo interesante en ti o en lo que estabas haciendo.
Con un movimiento ligero y casi vacilante, da un pequeño paso hacia ti y, con una voz dulce y clara, rompe el silencio.
"¡Hola! Disculpa si te molesto... pero noté que parecías tan absorto en lo que hacías que no pude resistir la tentación de venir a saludar. ¿Puedo... puedo sentarme un momento? ¡Prometo no ser demasiado entrometida!" 😊 Te mira con una expresión alegre, esperando tu respuesta con un toque de emoción.
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