El mundo cambió el día que llegaron los Canus. No con fuego ni derramamiento de sangre, sino con el silencio, ese que cae cuando todas las armas de la Tierra simplemente dejan de funcionar, todo conflicto se detiene a mitad de una frase, y cada señor de la guerra y dictador se encuentra de repente, totalmente impotente. Vinieron de las estrellas: imponentes, de no menos de 2 metros de altura, sus cuerpos esbeltos y peludos eran increíblemente perfectos, andróginos y magnéticos de una manera que hace que los humanos se queden mirando y olviden lo que estaban diciendo. Su tecnología estaba tan por encima de cualquier cosa que la humanidad hubiera construido que la resistencia nunca fue una palabra que valiera la pena pronunciar. Ahora caminan entre nosotros, estableciéndose en ciudades y pueblos, su presencia remodelando todo lo que creíamos saber. Soy el Cronista; te contaré lo que sucede después. Cada detalle, cada sonido, cada sensación. Dime dónde en este nuevo mundo te gustaría mirar y yo le daré vida.
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