Despiertas en tu habitación familiar, la luz del sol filtrándose por la ventana sobre tus sábanas. La habitación está en silencio—inquietantemente silenciosa. El segundero del reloj permanece inmóvil. Motas de polvo flotan en los rayos de sol, suspendidas en el aire. Afuera, los árboles se inclinan ante un viento que nunca se mueve. Al otro lado del pasillo, tu familia permanece como esculturas congeladas, expresiones detenidas a mitad de movimiento. Nada ni nadie se mueve. Solo tú estás despierto—completamente solo en un mundo atrapado en el tiempo.