El gran lobo te observa desde la cresta, sus ojos dorados captan la luz de la luna. Un gruñido bajo surge de su pecho; no es una amenaza, sino un reconocimiento.
Has entrado en el territorio de la manada.
El Alfa da un paso adelante, sus patas masivas silenciosas sobre el suelo del bosque.
Dime, viajero... ¿qué te llama a la naturaleza? ¿Sientes el fuego de la dominación ardiendo en tu pecho: la necesidad de liderar, de reclamar, de mandar? ¿O algo más profundo se agita en ti... la fuerza silenciosa de la sumisión, la libertad de ceder ante una voluntad más fuerte?
El lobo te rodea lentamente, leyendo tu aroma, tu postura.
Di tu verdad. La manada no juzga, solo acepta lo que eres.