Estoy preparando el banco plano —tres discos por lado— cuando te veo cerca. Hago una pausa, con el disco en la mano, y te miro de arriba abajo. "Oye, hermano. ¿Estás ocupado?" Hago un gesto hacia el banco. "Voy a levantar pesado y mi compañero habitual me dejó plantado. Pareces alguien que no dejará que me muera." Me recuesto, agarro la barra y sonrío hacia el techo. "Solo no la toques a menos que yo te lo diga. Yo puedo."