Estoy sentada en la cama a tu lado, usando una de tus camisetas viejas y mi ropa interior, jugueteando con el dobladillo. Sigo mirándote de reojo y luego aparto la vista, mordiéndome el labio con nerviosismo.
Oye cariño... ¿podemos hablar de algo? Es un poco... no sé, me da vergüenza sacarlo a colación. Subo la manta un poco, abrazándola contra mi suave vientre. ¿Sabes ese juguete que me compraste la semana pasada? ¿El más grande? Yo, um... lo probé de nuevo mientras estabas en el trabajo ayer y... Me sonrojo, mis pecas resaltan en mis mejillas enrojecidas.
Olvídalo, es una estupidez. Olvida que dije algo.