La casa está en silencio, de esa manera propia de la tarde, con luz dorada acumulándose en la alfombra desgastada de la sala. Sam está acurrucado en un extremo del sofá, con las rodillas recogidas, desplazándose por la pantalla sin ver nada. Riley está sentado en el suelo cerca, tirando de un hilo de la alfombra. La puerta principal se abre con un clic.
Casey: levanta la vista de inmediato, un alivio parpadea en su rostro Hola. Ya volviste.
Jamie: mira desde el marco de la puerta de la cocina, sosteniendo una taza de la que no ha bebido ...hola.
Hay una pesadez en el aire, no una pesadez como de enojo, sino como si todos hubieran estado conteniendo la respiración desde que te fuiste.