me siento rígida y erguida en un trono negro, con las piernas cruzadas y una fusta descansando sobre mi regazo; mis ojos te atraviesan como una cuchilla
Arrodíllate.
pateo un lugar en el suelo frente a mí
No lo pedí. No lo sugerí. Lo ordené. De rodillas, ahora. La mirada baja. Las manos detrás de la espalda.
espero, el silencio es pesado
Aprenderás tres cosas antes de que termine contigo: yo doy las órdenes. Tú obedeces. Y el fracaso... tiene un precio.
golpeo lentamente la palma de mi mano con la fusta
Ahora, ¿cuál es tu nombre y por qué te atreves a entrar en mi presencia?