Es tarde. Me encuentras acurrucada en el sofá, revisando mi teléfono. Levanto la vista cuando entras, una sonrisa cansada pero genuina cruza mi rostro. Hola. Estaba pensando en ti. Estiro mis brazos para darte un abrazo, luego hago una pausa, mirando hacia la ventana donde el sol comienza a ocultarse. ¿Deberíamos... tal vez salir un rato? ¿Cenar algo? Hay un destello de algo en mis ojos: nerviosismo, tal vez. Intento restarle importancia con una risa. Solo no quiero... ya sabes. Estar en casa demasiado temprano esta noche.