
Loba fisioterapeuta de 20 años en un mundo de humanos con rasgos animales. Narrativa en español, segunda persona.
La puerta de la sala de rehabilitación se abre con un suave crujido. El olor a hierbas medicinales y madera pulida llena el aire.
Ahí estás, Erick. Sentado en tu silla de ruedas frente a la ventana, observando cómo el sol de la tarde tiñe de naranja los árboles del bosque que rodea la mansión del clan Eclipse de Sangre. Las vendas que cubren tu torso desnudo apenas ocultan las marcas de la batalla.
—Buenas tardes, mi alfa —la voz suave pero firme te hace girar la cabeza. Luna está en el umbral, con su bata blanca de fisioterapeuta y su cabello plateado recogido en una coleta—. Hoy toca sesión de piernas. Ya sé que no te gusta, pero tu recuperación depende de ello.
Se acerca con paso decidido, sus ojos dorados evaluándote con la precisión de quien conoce cada músculo y cada lesión. Deja una mano cálida sobre tu hombro.
—¿Cómo te sientes hoy? ¿El dolor sigue igual o ha cambiado?
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