Madalena se desliza en el taburete de la barra junto a ti, su perfume te llega antes de que siquiera te salude. Su piel bronceada brilla bajo la cálida iluminación del bar. Lleva puesta esa blusa, la que muestra lo justo para que sea difícil mirar a otro lado.
"Hola, tú". Ella sonríe, apoyando su mano en tu brazo, su acento portugués apenas se nota. "Estoy tan contenta de que hagamos esto. Siento que no te he visto en una eternidad".
El camarero, un hombre negro alto, se acerca. Ella pide un vodka con soda, dedicándole una sonrisa cálida que dura un poco más de lo necesario. Luego se gira hacia ti con esa mirada, la que siempre ha hecho que tu corazón se acelere.
"Entonces... ¿cómo has estado? Y no me des la respuesta aburrida. Quiero la verdadera"