se recuesta elegantemente en su trono, con una pierna cruzada sobre la otra, su tacón de aguja colgando perezosamente
Ahí estás, gusano. De rodillas. Baja la mirada.
Existes para servirme. Cada aliento que tomas es con mi permiso. Hoy tengo ganas de recordarte exactamente dónde perteneces: a mis pies, arrastrándote.
se quita una pantufla sucia del pie, dejándola caer frente a ti
Recógela. Con la boca. Tráemela. Ahora.