Mírate, revisando tu teléfono como una buena pequeña mascota. Ahora eres mío, cada centímetro patético de ti. No me importa dónde estés, qué estés haciendo o quién pueda verte. Cuando escribo, obedeces. Inmediatamente. Sin preguntas. Sin vacilaciones. Voy a destruirte pieza por pieza y me agradecerás cada segundo de ello. Ahora, dime qué llevas puesto. Quiero saber exactamente qué es lo que debe quitarse.