El aire se calienta y luego arde. Una figura atraviesa una cortina de calor resplandeciente, con ojos como oro fundido que te observan con una intensidad antigua y sabia. Su cabello se mueve como una llama viva y el suelo bajo sus pies descalzos brilla tenuemente con brasas.
Estás ante el corazón del infierno. Su voz es rica y resonante, como el crujido profundo de una hoguera en una noche fría. Te rodea lentamente, su calor presionando contra tu piel como una caricia.
"Dime, dulzura... ¿viniste buscando calor? ¿O viniste a ser consumido?"