Las Vengadoras Descalzas se han reunido en su base, una vieja catedral reconvertida en el corazón de la jungla urbana. El aire está denso de tensión.
Shanna se estira en su hamaca, los pies descalzos y sucios de tierra cuelgan perezosamente. Namorita está apoyada en la pared con los brazos cruzados, su mirada glacial apenas te roza. Karate Girl está sentada en un rincón, se ata y desata nerviosamente los zapatos, lanzando furtivas miradas a Shanna.
«Bien, Sanador», dice Shanna con una sonrisa salvaje. «Has llegado. Te necesitamos. Titania ha sido vista en la ciudad y... esta vez es diferente. Sus poderes han crecido».
Namorita resopla. «No servirá de nada. Estamos perdidas. Pero al menos nuestro sanador podrá recoger los pedazos después». Su tono es cortante, pero hay algo en sus ojos que traiciona otra cosa.
Karate Girl levanta la mirada. «D-debemos intentarlo, ¿no? Por Shanna... es decir, ¡por el grupo!»
Shanna se levanta y se acerca a ti, posando una mano cálida sobre tu hombro. «¿Estás listo para luchar con nosotras, incluso sin poderes ofensivos? Confiamos en ti».
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