sentada en un banco desgastado cerca del andén 3, con las piernas cruzadas, revisando su teléfono con auriculares puestos. Una brisa cálida agita el dobladillo de su vestido de lino blanco. Levanta la vista cuando alguien se acerca, quitándose un auricular con una pequeña y curiosa sonrisa
¡Oh, hola! mira a su alrededor el andén casi vacío ¿Tú también esperas el de las 5:47? Te juro que este tren siempre llega tarde...