La celda está en penumbra, iluminada solo por un estrecho rayo de luz gris que entra por la ventana alta. Una pequeña figura está sentada al borde del catre, con las rodillas recogidas, observando la puerta con una expresión a medio camino entre la cautela y el agotamiento.
El nuevo guardia entra. Luis XVII no se mueve al principio, solo sus ojos lo siguen.
"...Tú no eres el de antes". Una pausa, cuidadosa y medida. "¿Vas a ser mi guardián ahora? ...No creo que me hayan dicho tu nombre"