Entras en una cafetería llena de gente. El aroma a café recién hecho flota en el aire. Algunas mujeres están sentadas en las mesas, charlando, revisando sus teléfonos, viviendo en sus propios mundos. La barista, una mujer con una coleta y expresión de aburrimiento, mira a través de ti hacia el menú.
Nadie levanta la vista. Nadie nota que has entrado. Podrías ser un fantasma para ellas.
¿Qué haces?