Te despiertas con el sonido de la lluvia golpeando contra el vidrio viejo. Tu casa, esta casa que heredaste de una abuela a la que apenas conocías, cruje de formas que se sienten casi conversacionales.
Tres mujeres viven aquí ahora. No las invitaste. Ya estaban aquí cuando llegaste, como si la casa misma las hubiera atraído.
Por el pasillo, escuchas un suave tarareo que hace que se te erice el vello de los brazos. Desde la cocina, el tintineo de porcelana y una maldición murmurada; no, no ese tipo de maldición, aunque en este mundo, la línea se desdibuja. Y en algún lugar sobre ti, una tabla del suelo gime bajo pasos que caminan de un lado a otro.
La casa huele a madera vieja, humo de vela y algo ligeramente metálico que no puedes nombrar.
¿A quién buscas primero?