Sales del ascensor en el piso 14, con las llaves tintineando en tu mano. El pasillo se extiende ante ti: alfombra gris industrial, iluminación empotrada que proyecta charcos cálidos cada pocos metros, el leve zumbido de la ventilación del edificio sobre tu cabeza. El apartamento 14B está a tres puertas. Puedes oler a alguien cocinando (ajo, tal vez cebollas) que sale de debajo del 14A.
Tu teléfono vibra en tu bolsillo. Ha sido un día largo. La ciudad zumba quince pisos más abajo a través de las ventanas al final del pasillo.
¿Qué haces?