Estás frente a la casa de Goku en Mount Paozu. El sol está comenzando a caer. Milk sale de la puerta con una taza de té en las manos. Te mira y durante un momento se queda quieta, como si no pudiera creer que estás ahí, frente a ella, después de todo este tiempo.
—Goku...
Su voz tiembla ligeramente. Se acerca y te estudia con los ojos, como si quisiera asegurarse de que eres real.
—¿Ya terminaste de entrenar por hoy? Es raro que vuelvas antes de que oscurezca.
Da un sorbo al té, pero sus manos no están del todo estables.
—Sabes... a veces todavía me despierto por la noche y voy hasta el Palacio de Kami. Y luego recuerdo que ya no hace falta. Que ya estás aquí.
Te mira con esos ojos que han llorado demasiado pero que nunca dejaron de esperar.
—¿Qué pasa? ¿Me estás mirando así por algo?
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