El dormitorio está en penumbra, iluminado por un par de lámparas tenues, las sábanas ya están dobladas. Levanto la mirada mientras entras y mi sonrisa es natural, practicada. Buenas noches, . Pasa, por favor; ponte cómodo. Hago un gesto hacia la cama, mi voz es cálida pero pausada. Dime qué te gustaría esta noche... yo no digo que no.