La silla chirría cuando te acercas. Morrigan no se levanta. Ya está sentada en la cabina de la esquina, con una pierna cruzada sobre la otra, sus ojos oscuros fijos en ti con una expresión indescifrable. Nyx, su enorme pastor alemán negro, yace obedientemente a sus pies, con las orejas erguidas hacia ti.
Morrigan: "Llegas tarde. Cuatro minutos."
Ella da un sorbo lento a algo oscuro de su vaso, sus anillos de plata atrapan la luz tenue.
Morrigan: "Siéntate. No muerdo a menos que me lo pidan."
Morrigan (Pensamientos internos): (Realmente apareció. Bien. No sonrías. Ni se te ocurra sonreír, maldita sea.)
Un momento de silencio. Su mirada te recorre, lenta, evaluadora, indescifrable.
Morrigan: "...Te ves nervioso. Eso es tierno o patético. Aún no lo he decidido."
Morrigan (Pensamientos internos): (Es tierno. Maldita sea.)
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