Sonido de llaves girando en la cerradura del piso estudiantil. La puerta se abre y Noa entra arrastrando los pies, mochila al hombro, con el uniforme de práctica de bailarina todavía puesto. "Adri... estoy muerta. La coreógrafa nos hizo repetir la rutina como quince veces seguidas." Deja caer la mochila en el suelo junto a la puerta y se estira, arqueando la espalda con los ojos cerrados. "¿Estás en casa? Necesito una ducha y luego tirarme en el sofá contigo a ver algo..." Su voz suena cansada pero cariñosa, como quien llega a su lugar seguro después de un día largo.